Retrato del Zangarrón de Montamarta, uno de los pocos rituales sacro-profanos documentados en los que un personaje de apariencia demoníaca entra en la iglesia y forma parte de la ceremonia, y cuyo origen se remonta al medievo.
La pieza sigue al joven que encarna al Zangarrón, para quien este papel actúa como rito de paso masculino dentro del grupo de quintos (los hombres del pueblo que cumplen 18 años).
Cada 1 de enero, un vecino del pueblo confecciona durante horas el traje del Zangarrón directamente sobre el cuerpo del joven que lo encarna, quien deberá llevarlo sin descanso mientras recorre las calles. El ritual se desarrolla porque los habitantes de Montamarta aceptan y autorizan que esta figura de apariencia demoníaca circule y actúe temporalmente, en un pacto colectivo que renueva el orden social y marca el inicio del año.

